VERDAD A MEDIAS

23.07.2017 18:41
Mezquinos y manipuladores
 
RED-GES: GRUPO EDITORIAL EL SATÉLITE
Director: Octavio Quintero
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Referencia: Reforma laboral
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Nunca se dijo cuánto se ganaron las empresas con la ampliación de la jornada ordinaria de trabajo entre las 6 de la tarde y las 10 de la noche (cuatro horas), determinada en la ley 789 del  27 de diciembre del 2002 (hace 14 años y medio –a junio del 2017), expedida bajo la premisa de “apoyar el empleo y ampliar la protección social”…
 
¿Alguno de los acuciosos analistas del sector privado que hoy se rasgan las vestiduras ante el restablecimiento a los trabajadores de una hora, de las cuatro que les recortaron en la mencionada ley, podría decirnos cuánto empleo se generó en virtud de la ampliación de la jornada ordinaria, o de qué ampliaciones nuevas en materia de protección social gozan los trabajadores desde el 2002 en adelante?
 
No hay reforma laboral en Colombia expedida en los últimos 25 años, tras el advenimiento del modelo neoliberal, que no se haya sustentado en la generación de empleo. Si esas reformas efectivamente hubieran propendido por la generación de empleo, la tasa de desempleo debiera estar abajo del 5% y la informalidad en sus justas proporciones, por decir cualquier cosa.
 
Por el contrario, no se requiere ser avezado actuario como los que elucubran en favor de la empresa privada desde los centros de pensamiento o de las agremiaciones económicas para ver que el desempleo se ha mantenido arriba de dos dígitos, uno de los más altos del mundo y de Latinoamérica y la informalidad, ni se diga: de los 22 millones de trabajadores activos que reconocen las estadísticas laborales, por lo menos 12 se establecen en la informalidad, una eufemística manera de decir que viven, en su mayoría, del rebusque diario.
 
Hoy que la ley 1846 del 2017 les ha devuelto a los trabajadores el recargo por trabajo nocturno desde las 9 de la noche –una horita de las cuatro que habían perdido, los analistas dicen que eso les costará a las empresas 52.000 millones de pesos anuales. Ese estimativo, paradójicamente, nos sirve también para calcular cuánto les metió al bolsillo el gobierno del 2002 con la ampliación de la jornada ordinaria en cuatro horas: digamos que en esos 14 años y medio, del empobrecido bolsillo de los trabajadores pudieron haber salido al menos medio billón de pesos que, por contrario, pasaron a la enriquecida bolsa de los empresarios bajo la premisa de generar más empleo y ampliar la protección social: “¡Mamola!”, dijo Gaitán.
 
No se debe perder la esperanza de que algún día los trabajadores colombianos retomen la senda de la conciencia de clase y luchen, al menos como antes, por la defensa de sus derechos, entre otros, el de libre asociación sindical, a ver se contiene la avasalladora tercerización y precarización del empleo formal empujando, de paso, la informalidad y, de vuelta, la baja cobertura de protección social, medida por la macabra estadística que de 10 trabajadores en el país, solo uno alcanza a pensionarse, y de estos, más del 90 por ciento con ingresos de hambre, entre uno y dos salarios mínimos.
 
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Fin de folio.- Claro que para alcanzar un mejor bienestar social hay que remover la tecnocracia aupada en la clase política que nos gobierna. Si cree en esto, seguramente nos encontraremos con el mismo propósito en las elecciones del año entrante.