SOCIEDAD CIVIL ENTRE EL BREXIT Y LA PAZ

03.07.2016 05:36
 

JAIME ARAUJO RENTERÍA

(Editor: Octavio Quintero/El Satélite

 
El anuncio de que se había llegado a un acuerdo entre el gobierno colombiano y la Farc sobre cese bilateral del fuego, dejación de las armas, y de que renunciaba a la asamblea constituyente, etcétera, que se presentó (y se presenta aún) como una de las noticias más importantes del país en los últimos tiempos, coincidencialmente se alternó con la decisión de la sociedad civil británica (BR) de salir (EXIT) de la Unión Europea (BR + EXIT=BREXIT).
 
Los dos hechos no solo coincidieron en el tiempo y en otros aspectos, sino que ambos fueron antecedidos por un contexto donde el principal argumento es el miedo, el más primitivo e irracional de los argumentos. En el caso del Brexit, miedo a los inmigrantes y miedo a los burócratas de Bruselas; miedo al capitalismo salvaje y miedo a su contrario: el Estado interventor en el proceso económico… En el caso de Colombia, miedo a Uribe y a lo que él representa; miedo a la guerrilla y a lo que ella representaba, o a lo que ésta haría si no se firmaba el acuerdo, según reveló el propio presidente Santos.
 
El miedo y el terror que paraliza la razón, es el único argumento que le queda a los gobiernos separados de la sociedad civil, que gobiernan contra ella, a favor de una minoría; incapaces de satisfacer los derechos humanos de la gran mayoría de la población civil y por lo mismo, gobiernos  ilegítimos y antidemocráticos, que en vez de darle derechos al pueblo, se los quita o le viola los pocos que tiene; y en esa violencia permanente de los derechos por medio de la violencia física que detentan, infunden miedo, temor, espanto, terror, pavor, pánico y horror en la sociedad civil.
 
Esta estrategia de los gobiernos antidemocráticos la conocía bien la sociedad civil británica, o más exactamente, la del Reino Unido, integrado por cuatro países: Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte, que saben bien que el miedo ha sido el medio tradicional más efectivo que despliegan las oligarquías con el fin de reducir los gastos para la educación y la salud; privar a los trabajadores, especialmente a los más jóvenes, de sus derechos laborales y prestaciones sociales (tercerizando el trabajo); lograr el recorte de las pensiones y el aumento de los años para la jubilación; apoderarse del control del Estado a través del capital financiero, y mucho más, todo orquestado desde Bruselas, sin intervención y sin control por parte de los pueblos que forman la sociedad civil de la Unión Europea (UE)… Por eso los británicos desdeñaron las advertencias de su primer ministro, David Cameron,  derrotando la estrategia del terror, el pavor y el pánico, con la razón…
 
La razón fundamental, es también elemental: yo me asocio con otros para estar mejor que antes; si voy estar peor, mejor no me asocio; y si ya me asocié y estoy peor que antes, lo razonable es que me salga de esa sociedad. Esa es la idea fundamental de todo contrato social: nos asociamos para vivir mejor, no para vivir peor.
La otra idea fundamental del contrato social, o político, es que los asociados conservan sus derechos y pueden decidir por sí mismos sobre sus derechos; son sujetos del proceso social e histórico y no meros objetos del mismo; o lo que es lo mismo: el pueblo, la sociedad civil sigue siendo soberana, y aunque haya transferido o permitido que otros transitoriamente ejerzan el poder en su nombre, siempre conserva el derecho a ejercer directamente el poder y a recuperarlo, si lo ha prestado. No eran los tecnócratas y burócratas de Bruselas, los soberanos, sino la sociedad civil británica.
La sociedad civil británica superó esta prueba, como ya ha superado otras en el pasado: (1).- Superó la monarquía absoluta de Carlos I, que quiso desconocer los derechos de la sociedad civil de entonces que, liderada por Oliver Cromwell, no dudó en juzgarlo y ejecutarlo por alta traición y crímenes gravísimos; abolir la monarquía e instaurar la República; (2).- Como no dudó tampoco en quitarle el poder a  Winston Churchill, después de la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que éste era su héroe.
 
No sobra recordar que el Reino Unido, NO es miembro fundador de la UE, y pudo vivir durante muchos años sin pertenecer a la UE, y en el futuro podrá vivir otros muchos más sin ser miembro de ella… Como puede vivir Suiza, un país mucho más pequeño en el corazón de Europa, sin ser miembro de la UE. Y a pesar de que el gobierno en dos oportunidades ha querido ingresar, el pueblo suizo le ha dicho que NO a su gobierno y a Europa. Hacia el futuro, el Reino Unido, seguirá teniendo relaciones con la UE por medio de tratados internacionales, como los tenía antes de pertenecer a la UE, como los tiene Suiza que tampoco pertenece a ella; o como los tenemos nosotros con la Unión Europea; y la sociedad civil británica seguirá teniendo relaciones con la sociedad civil de la UE, pero teniendo su destino en sus propias manos, dueños de sus aciertos y de sus errores; no subyugados por los burócratas de Bruselas: en una palabra con derechos y como soberanos.
 
También la sociedad civil colombiana conoce bien la estrategia de quienes se valen del miedo para gobernar o para lograr sus objetivos contra los derechos del pueblo… Y también los enfrentará con la razón, la misma razón de la sociedad civil británica: nos asociamos para garantizar nuestros derechos, para conservarlos, no para renunciar a ellos; para vivir mejor, no para vivir peor. Lo que hagamos o lo que hagan otros, lo mediremos con el parámetro de los derechos: si después de un hecho, como el proceso de paz con las Farc, la sociedad civil tiene más derechos y vive mejor, habremos hecho algo positivo; si tiene menos derechos y vive peor, no habremos hecho nada… Es decir, si avanzado el proceso del posconflicto se ve que solo están resultando beneficiados los actores armados negociadores, y la sociedad civil no ha salido fortalecida con más derechos, si la paz no trae justicia social, hemos perdido el tiempo.
 
El hombre, que es un animal racional, sabe que el miedo produce en todos los animales, incluido el hombre, dos reacciones primitivas originadas en el instinto de conservación; la de huir o la violenta de agredir; sabe también que lo que lo caracteriza a él y lo diferencia de los demás animales, es precisamente el de ser racional, y que esa racionalidad es la que le permite dominar el instinto animal de huir o de agredir.
 
La sociedad civil democrática de Colombia ha sido mayoritariamente pacífica, no violenta… Ha sufrido la violencia de los actores armados que hoy negocian, pero ella no ha sido violenta… Ha sido objeto de la violencia pero no sujeto de la violencia. Como sociedad racional que es, es por esta misma razón pacífica, no agresiva, generosa, inclusive, con quienes le han agredido desde el Estado y desde el no estado; y seguirá siendo pacífica, pero firme en la defensa de sus derechos y en la construcción de una sociedad donde los colombianos puedan vivir mejor, con más derechos de libertad, con más igualdad y con menos discriminaciones.
 
La sociedad civil democrática, tampoco huira de su compromiso histórico y le dice claramente a los actores armados del Estado y fuera del Estado, que han querido imponerle la razón de la fuerza, por medio del miedo, que no les temen, pues, tiene la fuerza de la razón, que es al mismo tiempo su norte: construir un modelo de sociedad y de Estado, donde los ciudadanos tomen su destino en sus propias manos y decidan sus propios asuntos; donde haya verdadera paz, porque también hay justicia social. Donde se gobierne por consenso; un gobierno democrático, que además de legal sea legítimo; que crea que la mejor política es la verdad; que la justicia social es el camino correcto para una mejor sociedad, donde los hombres pueden ser más iguales y libres. Un Gobierno que crea que si nuestro país vive en paz interna y externa podemos edificar una sociedad floreciente para todos. Que conciba la política como instrumento de progreso y servicio a la comunidad; que nos permite derrotar el desempleo, el alto costo de la vida,  la pobreza y la corrupción…
 
Un gobierno que tenga la certeza de que los colombianos no son cosas que se les puede utilizar o manipular con el miedo; que los hombres son un fin en sí mismo y que por lo mismo todos deben disfrutar plenamente de todos sus derechos, porque todos son igualmente dignos.
 
Un gobierno soberano e independiente que crea, en síntesis, que el futuro siempre puede ser mejor que el presente; que podemos vivir mejor y con más derechos. Que para lograrlo propongan no solo un programa de gobierno, sino también un programa de nuevos valores y principios fundamentales, un nuevo proyecto de vida.