SANTOS TALLA REELECCIÓN

21.11.2013 05:29

El presidente Santos proclamó anoche su candidatura a la reelección y, de inmediato, el mundo político colombiano quedó dividido en dos: Santos/Uribe, alrededor del cual gravita una oposición de izquierda llamada Polo Democrático y una especie de nebulosa hacia el centro que se forma entre los antiguos “verdes” y los nuevos “progresistas”.

En ese mundo político, tres candidatos presidenciales ya están definidos: Santos, Óscar Iván (el uribista) y Clara López (la del Polo). Otro más, con alguna referencia política importante, cabría, y al respecto se barajan los nombres de Navarro Wolf y Enrique Peñalosa.

De momento, los electores se sienten muy confundidos, pues, es evidente que el presidente Santos no ha logrado cuajar un “buen gobierno” (salvo su apuesta por la paz), y el recuerdo de Uribe solo emociona a los “guerreristas”.

En este escenario, cabría una alternativa… Pero es que, si se piensa en el Polo, la tradición dominante de “pueblo conservador” que caracteriza a Colombia hace que se tenga animadversión gratis a todo lo que tienda a la izquierda.

Además, en este mismo “pueblo conservador”, el machismo electoral sigue siendo “el rey”. Colombia parece todavía lejos de un escenario político en donde dos mujeres, como en Chile se disputen la presidencia;  o en donde se ponga toda la fe en una mujer como en Argentina o se encumbren “damas de hierro como en Inglaterra antes y hoy en Alemania.

Y mayor incertidumbre arroja entre los electores la nueva alianza “verde-progresista” en la que despunta, por un lado Navarro Wolf, con un discurso izquierdoso proveniente del Polo; y Peñalosa, con su inocultable querencia uribista. Y esa tracción ideológica que empuja a los bandazos como a los “carros locos”, es lo que no deja cuajar una tercería capaz de enfrentar con éxito el antagonismo “creativo” de Santos/Uribe (“los nuevos mejores enemigos”) que muy probablemente seguirán siendo el “sol” de este mundo político colombiano en el próximo período presidencial (2014 – 2018).

Incertidumbre, finalmente, que hace que a la luz de las primeras encuestas presidenciales, el voto en blanco tenga una preferencia nunca antes registrada en una campaña presidencial. Es de imaginar también que si nada  nuevo aparece en el escenario a manera de “Anunciación” celestial, la tradicional abstención se crezca y, entonces, podríamos volver a ser gobernados por una exigua mayoría de una gran minoría como nos pasó en lo nacional con Pastrana (1998 – 2002), o nos pasa ahora en Bogotá con lo de Petro.