REFORMITIS POLÍTICA

05.09.2018 14:47

 

Viaje al pasado

¡Una nueva reforma política hecha por políticos corruptos que se transforman luego en autoridades encargadas de aplicar esas normas contra ellos mismos! … El que se sienta a esperar peras del olmo, más ingenuo no puede ser. Solo el pueblo constituyente podría hacer una auténtica reforma política.

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Opinión RED-GES/El Satélite

(Octavio Quintero –Directo)

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No se necesita una larga experiencia para recordar, en vivo y en directo, la “dictadura del bolígrafo”, llamada así, porque al Congreso solo podían llegar los íntimos de los dominantes caciques políticos, que los había nacionales y regionales, desde la DNL (Dirección Nacional Liberal) o desde el DNC (Directorio Nacional Conservador), y sus respectivas derivaciones departamentales y municipales.

A los constituyentes del ‘91 les pareció que una solución para generar líderes por sus propios méritos, era creando la circunscripción nacional para senadores (Art. 171), norma que, al cabo de los años, no solo no ha extirpado al alfa macho de la política colombiana, sino que ha dejado a los departamentos más atrasados, económica y socialmente, sin representación en el Senado. Posteriormente, mediante el acto legislativo 01 del 2003, se creó el voto preferente, con el cual se creyó dar un golpe de gracia definitivo al clientelismo político. 

Los diversos análisis y estudios que se han hecho sobre el particular, coinciden en señalar que el fracaso de la circunscripción nacional se debe a que se mantuvo el predominio de los caciques, ya no a través del “bolígrafo” sino de los avales, estos últimos que se han convertido en un producto de corrupción al interior de los partidos políticos que los sacan al mercado electoral al mejor postor; y el voto preferente, a su vez, lo que generó fue una explosión de empresas políticas de garaje a través de las cuales, lo que se vive en época electoral no es una “fiesta de la democracia” sino un pandemónium de candidatos tasando el voto de los electores por la medida de sus necesidades e ignorancias.

Una conclusión descarnada es que, al 2018 en que andamos, llegamos sin partidos políticos propiamente dichos, todos convertidos en mafias internas, tributarias de la mafia mayor que, junto con el ejecutivo y el judicial, acaparan el poder total del establecimiento, dominado a su vez, por el poder más poderoso entre todos ellos: el económico, moneda corriente de la corrupción.

Y no se requiere ir muy lejos tampoco en busca de ejemplos del contubernio: alrededor del hoy presidente Iván Duque, se dio el “milagro” de juntarse “enemigos” acérrimos en años anteriores como los expresidentes Álvaro Uribe, César Gaviria y Andrés Pastrana, con el fin de contrarrestar la ola social que se levantaba de plaza en plaza pública alrededor de la Colombia Humana, susto que no les ha pasado, pues, soterradamente, como todo lo suyo, volvieron a mover sus fichas para negarle personería de partido político a un movimiento que puso en las urnas, hace un mes y medio, más de ocho millones de votos: ¡Hágame el favor!

Y si parece inconcebible esto, también puede citarse el ejemplo de la Consulta Anticorrupción, con cerca de 12 millones de personas manifestando en las urnas, ayer nada más, su asco a la corrupción nacional, y, cínicamente, el presidente Duque insiste en desafiar tan claro mandato social, manchando su recién iniciado Gobierno de brillantes corruptos, tanto interna como externamente.

El gran problema nacional no es la corrupción sino el régimen político: éste es la causa y la primera su efecto. Como bien se señala en un estudio del BID, suscrito en julio del 2016 por Razvan Vlaicu,  Marek Hanusch y Philip Keefer, (…) “la práctica corrupta surge a partir de condiciones específicas, y prospera en circunstancias que dificultan particularmente su erradicación” … En otras palabras, si los candidatos en elecciones directas a la presidencia, gobernaciones y alcaldías; a las cámaras legislativas, las asambleas, concejos y juntas administradoras; y si los candidatos por elección delegada a las altas cortes (Constitucional, de Justicia, Consejo de Estado, Consejo Electoral y Superior de la Judicatura) y los mismos órganos de control y vigilancia (Fiscalía General, Contraloría, Procuraduría y Defensoría del Pueblo) , pagan a sus electores por los puestos en disputa política, pues, los que ganan tienen que llegar a pagar los favores recibidos y, los derrotados, como son de los mismos, se quedan esperando sus cuotas burocráticas o el festín de los contratos públicos, también para ponerse al día con sus mecenas.

Queda claro: si no se limpia la fuente y su cauce, toda el agua que salga de ella y corra por su lecho, será sucia, diría Perogrullo.

La solución que de nuevo se plantea, es acabar con la circunscripción nacional y el voto preferente y volver a las listas cerradas… Como lo aconseja la ficción del iluminado, Tomasi di Lampedusa, “hay que hacer que todo cambie para que todo siga igual”, o peor, podría agregarse en el caso colombiano.

Y añádase al nuevo sancocho político que se está preparando, el voto obligatorio, otro esperpento electoral que, a poco más, resultaría inconstitucional por atentar contra la libertad de elegir y ser elegido de que goza cada quien, porque votar o no votar es un derecho que se regula, no por imposición sino por convicción.

¡Una nueva reforma política hecha por políticos corruptos que se transforman luego en autoridades encargadas de aplicar esas normas contra ellos mismos! … El que se sienta a esperar peras del olmo, más ingenuo no puede ser.

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Texto de reforma política de la oposición