PEDAGOGÍA POLICIAL

19.06.2016 20:39
 

DÍA A DÍA/El Satélite

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Hay un nuevo Código de Policía que viene a ser como la constitución que día a día rige las relaciones de la sociedad con la justicia. Debiera hacerse sobre este nuevo Código una pedagogía que dejara claro tanto a los policías como a la gente, qué pueden hacer, los unos en defensa de la seguridad ciudadana y los otros en uso de sus libertades y derechos constitucionales, sin atropellar, como dice la misma norma, las libertades y derechos de los demás.
 
No hay que asociar el mal momento que a la institución policial le están haciendo pasar episodios como los del exdirector Palomino, o muchos otros casos grotescos de orden individual o inclusive de asociación para delinquir en que se involucran policías activos, con el hecho de que el nuevo Código le de dientes a la Policía para abordar asuntos que se han convertido en insolubles dentro del orden establecido y, que por tanto, han venido degenerando en soluciones de hecho como la justicia por propia mano a la que se apela cuando la primera instancia de la autoridad policiva parece inhibida para actuar en consecuencia.
 
Mucha gente se abstiene –lo dicen—de poner en conocimiento de la policía casos de la vida cotidiana, simplemente porque la policía, ensartada en un cúmulo de normas agrupadas en el llamado “debido proceso”, prácticamente ha quedado con las manos atadas. Dicen también, hasta los mismos policías en voz baja, que en muchos casos se abstienen de proceder porque más se demoran ellos en poner un presunto delincuente en manos de la justicia que éste en volver a la calle y pavonearse amenazante en frente del policía que lo capturó.
 
Un caso de policía patético, que seguramente a muchos de nosotros ha pasado, lo reflejan las rumbas nocturnas que arman los vecinos con cualquier excusa hasta altas horas de la madrugada, sin importar quién halla a su alrededor. Todavía debe recordarse el caso de un estridente que ponía a todo volumen su equipo de sonido y un vecino entró y lo mató porque ya estaba cansado de ponerle la queja a la policía que, en efecto, en base al código que se reforma, poco o nada podía hacer.
 
Claro, si se le da más poder a la policía, y ese poder de actuar se deja en manos de los que han venido causando vergüenzas a la institución, la ciudadanía podría pasar de una situación mala, como la actual, a otra peor. Pero es ahí en donde, la misma sociedad, de la mano de los policías buenos, que los hay y son mayoría, deben reconstruir la confianza entre unos y otros. Y eso debiera ser el propósito de la pedagogía policial que se propone con motivo de la entrada en vigencia del nuevo Código de Policía. La oportunidad es propicia y ojalá se aprovechara la ocasión.