PEDAGOGÍA CIUDADANA

18.12.2013 05:34

La manera más fácil de inutilizar un medio, sea de lo que sea, es desprestigiarlo. El sistema 1-2-3, implantado como servicio especial de la Policía para atender casos de urgencia, se ha convertido en un juguete de niños, de personas irresponsables y, por qué no, de delincuentes que lanzan alarmas por doquier para despistar a la Policía.

Es increíble (aunque en medio de gente inculta todo puede suceder), que de 25 millones de llamadas al 1-2-3 que se han recibido este año próximo a terminar en Bogotá, el 85 por ciento de esas llamadas, es decir,   21 millones, 250.000 llamadas, hayan sido basura.

Y muy probablemente la estadística sea semejante en todas las grandes ciudades del país donde opera la línea de emergencia.

No resulta arriesgado decir que la Policía puede estar entrando en desatención del 1-2-3, pues, a lo mejor –se dirá el agente de turno—es otra ‘pega’ o alguna de esas llamadas ‘locas’ en donde la emergencia no es pertinente, por ejemplo el de una señora que dejó pegar el arroz o el de un señor al que se le quedaron las llaves dentro del carro.

En Bogotá, tanto el gobierno como la Policía han lanzado un llamado de atención a la ciudadanía a que se haga un uso responsable y serio de la línea de emergencias 1-2-3.

No obstante el abuso, las autoridades distritales anuncian la puesta en marcha de una aplicación para móviles que se puede descargar en la página de la Secretaría de Gobierno de Bogotá, la cual habilita la posibilidad de hacer diferentes denuncios como atracos o robos; la georreferenciación de los delitos e, incluso, ver las infracciones más populares por zonas.

Dejemos que el 1-2-3 funcione como verdadera emergencia, y ojalá que nunca nos toque llamar…