PATAS ARRIBA

01.02.2019 10:45

 

¿A dónde vas Duque?...

Se cuaja en el país ‘la tormenta perfecta’. 

La caja de Pandora está a reventar.

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Editorial REDGES

Octavio Quintero

Director

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Bueno, si la teoría del Gobierno Duque en asunto tan delicado como un protocolo de alcance internacional es que no le obliga porque fue suscrito en el Gobierno anterior, menos le debe importar el acuerdo que Santos suscribió con Dignidad Agropecuaria para superar el paro nacional que en principio ignoró despectivamente: “Ese tal paro no existe”.

La Dignidad Agropecuaria se encuentra en estos momentos más indignada que antes, ya no solo por la persistencia de una política agropecuaria que privilegia al extranjero con más de 13 millones de toneladas de importación de alimentos al año, sino por ‘la mamadera de gallo’, como se diría en buen romance campesino, a través de promesas que nunca se cumplen.

Acaba de pasar la reunión de delegados de la Dignidad, que congregó en Bogotá a representantes de productores cafeteros, arroceros, paneleros, cañicultores, palmeros, lecheros, ganaderos, entre otros, junto con campesinos despojados de sus tierras, pequeños y medianos empresarios vinculados al campo, profesionales y asistentes técnicos del sector agropecuario. Y la consigna fue, “promover una gran movilización social agropecuaria este semestre”, dicen en carta que le acaban de enviar al ministro de Agricultura (ojalá no haya sido por 4-72 porque se podría quedar misteriosamente en el camino).

¡Piensen ustedes, cómo se pondría ‘el dulce a mordiscos’ con un nuevo paro nacional agropecuario, en medio de la enardecida de las fuerzas militares y de policía contra todo lo que suene a ‘desorden’ social después del atentado a la EGS, tensionados además por la provocación a la guerra con Venezuela atizados por el chabacano de Trump?

¡No!... Sería un escenario ideal para la ‘tormenta perfecta’ dentro de la cual, se desatarían todos los inconformismos sofrenados de estudiantes, educadores, camioneros, pensionados, trabajadores, contribuyentes asfixiados con impuestos nacionales y locales, como valorización por obras que nunca se ejecutan, pero sí se cobran, y ene mil fantasmas más empacados en una caja de Pandora a reventar.

Y no queda ni el consuelo en decir: “no me gustaría estar en los zapatos de Duque” porque, sobre los torcidos zapatos del Presidente, caminamos todos los colombianos, aunque más del 60%, según la última encuesta de YanHaas, vayamos a regañadientes.

No soy asesor del Presidente: ni me ha nombrado ni me nombraría ni aceptaría. Acabo de construir la utopía perfecta. Pero ello no me inhibe a decirle que se cuide, no tanto por el bien de él y del innombrable que le mueve los hilos, sino por esos millones de colombianos humildes, entre los 18 y 35 años, que son los que pagan las consecuencias de lado y lado de la guerra.

No se puede, es un cinismo idólatra, ir a una misa del papa en Panamá a orar por los cadetes caídos en el atentado a la EGS y, a la salida, abonar el terreno para que las víctimas de la guerra crezcan ‘como crecen las sombras cuando el sol declina’.

Ser consecuente con lo que se dice y manifiesta; con lo que se pregona y hace, es la norma del buen gobierno entregado al beneficio general de todos los gobernados. ¿No les parece?

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Enlace relacionado

Carta de la Dignidad Agropecuaria