NI EL SÍ DE SANTOS NI EL NO DE URIBE

11.08.2016 00:44

Vamos todos a votar por una Constituyente

JAIME ARAUJO RENTERIA

(Editor: Octavio Quintero)

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La Corte Constitucional, en la sentencia hecha a la medida del gobierno, solo dejó tres opciones jurídicamente relevantes: el a la paz de Santos, extremadamente imperfecta; el no de Uribe y el voto NULO que vendría a ser, por ejemplo, todos aquellos que decidan votar por una CONSTITUYENTE, como lo acaba de hacer el PST (Partido Socialista de los Trabajadores), ejemplo que podría ser seguido por otros grupos y organizaciones de la sociedad civil.
 
El plebiscito es, dentro de los mecanismos de participación popular, el menos democrático, no sólo por el uso que de él han podido hacer dictadores como Hitler, Napoleón y  Pinochet, entre otros, sino porque, además, no permite debatir y decidir separadamente cada uno de los aspectos de un problema.
 
Por ejemplo, algún colombiano puede estar de acuerdo con el proceso de paz, incluido el difícil tema  de que los rebeldes no paguen ni un día de cárcel, pero objetar que puedan ser elegidos inmediatamente a cuerpos colegiados; otro podría estar de acuerdo con lo primero, e ir más lejos, al considerar que inmediatamente pueden participar en política, elegir y ser elegidos. Un tercer ciudadano podría estar de acuerdo con el segundo, pero en desacuerdo con qué a los rebeldes se les dé el mismo trato que a los agentes del Estado que violaron derechos humanos, por considerar que existe una diferencia entre una actitud altruista y una actitud egoísta, que traza una línea divisoria entre delito político y delito común, tal como se contempla en la constitución (art. 150,  num. 17). Un cuarto colombiano podría considerar que, en el tema punitivo, era  necesario trazar una diferencia entre delitos cometidos entre combatientes,  y excluir estos de responsabilidad penal, pero no los delitos cometidos por estos mismos combatientes contra la sociedad civil. Por último, un quinto ciudadano podría considerar que son delitos políticos, además de los de rebelión, sedición y asonada, otros conexos con ellos y, sin embargo, considerar que el narcotráfico no era necesariamente un medio para el triunfo de la revolución, como no lo fue para Marx, Lenin, Mao Tse Tung, ni para el Che Guevara en Bolivia, llena de coca.
 
Este plebiscito, como se puede apreciar, mete en una sola pregunta todos estos temas y obliga al ciudadano, que está de acuerdo con muchas cosas del proceso, pero no está de acuerdo con algunas otras, a violentar lo más grande que tiene el ser humano: su conciencia; a votar por el sí, sobre cosas que de estar separadas las votaría negativamente. Situación similar se presenta a la inversa a quienes, por no tenerse que tragar algunos ‘sapos’ del sí, van a decidir votar todo no. Así, la terquedad del gobierno de que todo fuera dentro de un solo paquete, es lo que genera cierta resistencia mental a votar por el sí. Y aquí es donde nos parece que a muchos de nosotros que no estamos politizados entre el sí de Santos y el no de Uribe, y que además se nos ha conculcado por la misma Corte Constitucional el derecho al voto al no dejarnos más opción que el sí o el no, hemos quedado obligados a votar por la constituyente, así se nos anule el voto que, de todas maneras, tendrán que contar.
 
La insistencia del gobierno sobre “el paquete” se complica mucho más por cuanto el paquete sobre la cesación del conflicto armado entre el gobierno y las FARC conlleva anexo, otro “paquete”: el del gobierno actual y el del gobierno anterior, los dos igualmente nefastos para los derechos del pueblo e igualmente guerreristas contra los trabajadores, los indígenas, los afro descendientes, las mujeres, los jóvenes, los pensionados; violadores ambos de los derechos a la salud, a la educación, al trabajo, al medio ambiente sano; ambos responsables del genocidio de los falsos positivos… En una palabra aliados incondicionales del gran capital y de las multinacionales en desmedro de la situación de los trabajadores y los pobres.
 
Coincidencias y matices
En ambos grupos (Gobierno-Farc) existen coincidencias: una minoría que de buena fe va a votar por el sí o por el no; y, una gran mayoría que defiende intereses particulares, especialmente de naturaleza económica y política.
 
Ambos grupos defienden el modelo económico capitalista ya que las Farc que decían que no aceptaban el modelo neoliberal, resulta que al firmar el documento final con el gobierno, también lo acepta, pus, en toda negociación, sea de lo que sea, lo importante no es lo que cada parte diga por separado, sino lo que ambas partes firman… Como dijera Aristóteles, uno es lo que hace y no lo que dice.
 
Coinciden en ambos sectores, mercenarios ‘enmermelados’ por el sí y por el no; en ambos grupos, defensores de la corrupción (comenzando por la clase política) y de la impunidad, y en relación con esta última, existen por lo menos dos matices: quienes defienden la impunidad para todos, y quienes defienden la impunidad para ellos y el castigo para sus adversarios.
 
En relación con la impunidad, es importante que la opinión pública sepa que se pactó no sólo la impunidad penal, sino también la impunidad disciplinaria. Y esto es lo que explica que muchos abanderados del sí, no estén defendiendo como nos dicen el interés general de la PAZ, sino su interés particular: su impunidad penal o su impunidad disciplinaria. Y es lo que explica también que muchos corruptos y paramilitares, estén defendiendo el sí, encubriendo su interés particular bajo el interés general; y transformando el noble propósito de la paz, en un SÍ a su  corrupción y a su impunidad.
 
Por qué el voto por la Constituyente
Cuando una sociedad quiere hacer cambios estructurales y proteger más los derechos de los ciudadanos, necesita crear las instituciones que le permitan hacer esos cambios. Si, por ejemplo, una sociedad considera que la estructura agraria es injusta; que la tierra está mal distribuida y que es necesario redistribuirla para hacerla más justa, es necesario crear una institución que haga esa redistribución de la tierra, independientemente del nombre que se le ponga: instituto, departamento o ministerio de reforma agraria. Por esta razón es que existe una relación dialéctica entre estructuras e instituciones, pues, si yo quiero modificar las estructuras, debo valerme de las instituciones para lograr ese cambio. Esas nuevas instituciones se crean mediante el derecho; y se les hace más fuertes y eficaces, si se consagran en el derecho más poderoso; de más alto rango; esto es, en el derecho constitucional; y la vía más democrática para crear derecho constitucional, son las asambleas constituyentes.
 
Si como vemos a diario en las noticias, en los discursos de la clase dirigente, en los reclamos de la oposición política al gobierno; si apreciamos un vaivén en las sentencias de las altas cortes y en sus jurisprudencias, Colombia, como dijera hace rato un expresidente está descuadernada. Entonces, para rediseñar nuevas instituciones que realicen verdaderos cambios estructurales y protejan los derechos de los colombianos, es necesario una Asamblea Nacional Constituyente libre, amplia, democrática y soberana, cuyos constituyentes salgan de las organizaciones sociales y la sociedad civil, mediante un proceso electoral transparente, para lograr, con ella SÍ, una verdadera Paz con justicia Social.
 
La opción del voto por la Constituyente, aunque lo anulen, permite, a diferencia de la abstención, cuantificar y contar a un grupo grande de colombianos conscientes de que van a votar por una opción distinta al Sí de Santos o el NO de Uribe; colombianos que quieren una verdadera paz con justicia social; esto es, con más derechos.
 
Como el derecho a la paz tiene una connotación positiva y una negativa, ésta última tiene una doble dimensión: 1) La falta de violencia física o psíquica y, 2) La ausencia de violencia social y económica en las relaciones sociales; y la connotación positiva de la paz, implica que se le considera como un derecho al desarrollo individual y colectivo; una forma de cooperación no violenta, igualitaria, no explotadora, ni  represiva entre personas,  pueblos y estados; y modernamente se considera que no es posible la paz si no existe, coetáneamente, el respeto y realización plena de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales, culturales y de solidaridad.
 
Como en las negociaciones de La Habana, falta la segunda parte de la dimensión negativa y toda la dimensión positiva del derecho a la paz, se puede concluir que lo que se negocia es la cesación parcial de un conflicto armado  y no la paz.
 
Como cada uno de nosotros, a la luz de la soberanía popular consagrada en el artículo tercero de nuestra constitución, tenemos una fracción de la soberanía, y en consecuencia el voto es un derecho, que como derecho podemos ejercerlo o abstenernos de ejercerlo (abstención); y si decidimos ejercerlo, podemos ejercerlo legítimamente por una visión de la paz o por otra distinta; distinta a la de Santos y a la de Uribe; por la Constituyente o en blanco, porque nadie puede impedirme que yo ejerza mi soberanía como quiera, nos toca decirle a Santos y a Uribe que vamos a ejercer nuestro derecho soberano, votando por la Constituyente y los derechos. Nos anularán el voto, pero tendrán que contarlo y publicar sus resultados.
 
Podría apostarse sin mucho riesgo de perder que si en este momento alguna encuestadora se atreviera a preguntarle a la gente si prefieren una constituyente en vez de este plebiscito, la decisión sería abrumadora por la constituyente.