Negra navidad

18.12.2010 07:04

El país debiera concentrar absolutamente todos sus esfuerzos en la superación de esta trágica ola invernal que nos sume en la navidad más negra que podamos recordar en muchos años. Ya no basta con lamentarnos: hay que pasar a los hechos.

¿Cuánto cuesta la tragedia? Bueno, lo trágico de toda tragedia es que resultan invaluables muchas pérdidas, como las vidas humanas; y de largo plazo la recuperación de las pérdidas económicas. Por ahí se habla ya de que antes de seis meses, por ejemplo, las aguas que anegan las vastas extensiones del sur de Bolívar, incluyendo pueblos enteros, no desaparecerán por completo. Igual perspectiva resulta válida al imaginar la tragedia que sigue ahora mirando los estragos económicos, y sobre todo agropecuarios, en la gran sabana de Bogotá… Y así, sucesivamente, en el Valle del cauca; en el Chocó, en Antioquia, Cundinamarca, Boyacá, los Santanderes… en todas partes.

Resulta trágico también que ante la magnitud de la tragedia, se considere insignificante la ayuda que podemos prestar y, entonces, optemos por no ayudar por aquello de que “no vale la pena”… Es hora de recordar un elemental principio matemático que dice que “muchos pocos hacen un mucho”. Así que si su ayuda es apenas de una moneda, bienvenida sea, y muchas más…

Y más trágica resulta la insolidaridad porque, puede que no podamos aportar nada, pero con lo que sí podemos ayudar es con la solidaridad, empezando por ser mesurados en esta negra navidad.

Por ejemplo, ¿cuánto hubiera ayudado a la causa esos varios miles de millones de pesos que las alcaldías se están gastando en alumbrados y en adornos navideños que, entre otras cosas, nada nos dicen en orden a nuestra cultura porque se trata de íconos ajenos, como ese extraño papá Noel apurando entre la nieve un trineo halado por renos?

Y la tragedia más trágica, para seguir con las redundancias que acentúan lo dicho, es la corrupción. Ojalá en esta ocasión, sobre el llanto y la desolación de muchos, especialmente de los más pobres, no vayan a aparecer esos buitres que rondaron las ayudas de Armero hace 25 años, o los de Armenia, hace menos. Y que si aparecen, esta vez no los dejemos volar sin romperles por lo menos un ala.