LAS CUENTAS CLARAS

15.12.2013 10:44

La conciencia ambiental y cultura ecológica de la gente ha avanzado mucho en los últimos años… Mucho más que la eficiencia operativa de las autoridades ambientales encargadas de la defensa y protección de los recursos naturales renovables y renovables.

La sociedad se duele muchos más hoy que ayer del abuso y depredación de los recursos naturales y de la contaminación del medio ambiente, sin que la autoridad ambiental le corresponda muchas veces a sus quejas, reclamos y denunciadas.

Claro que como lo advierte el director de la CAR, Alfred Ignacio Ballesteros, la gente también es responsable de la preservación y defensa del medio ambiente, pero su afirmación amerita ésta precisión:

Alguna diferencia tiene qué haber entre responsabilidad social y responsabilidad pública. (1) La primera debe entenderse como la conducta      ética que nos indica a todos dónde está lo bueno y lo malo de las cosas que hacemos; (2) La segunda es la misión encomendada a unos funcionarios, con grado de autoridad, para prevenir y corregir las contravenciones y violaciones de la ley, imponiendo las sanciones pertinentes a los trasgresores… Y por este trabajo se les paga…

Resumiendo: Yo soy responsable ante yo de preservar los recursos naturales y el medio ambiente, a diferencia del funcionario público que viene a ser responsable ante él mismo y todos.

El solo imaginar el alcance de esa responsabilidad combinada entre la ética y la ley nos deja de frente a una pregunta que la gente del común se hace a diario:

¿Cómo es que no hacen nada las autoridades ambientales, si están viendo lo que está pasando?

Es decir, no solo no tienen ética personal sino que tampoco tienen responsabilidad pública para hacer cumplir las normas que la sociedad ha puesto en sus manos para que la defienda de los predadores.

Y en ese orden de ideas, también la gente se relaja y pasa de “agache” frente a tantos delitos y contravenciones ambientales y ataques a los recursos naturales que están viendo y consintiendo las respectividad autoridades legítimamente constituidas.

En resumen, si bien la gente tiene responsabilidad, esto no debe servir de excusa a la autoridad pública para no hacer bien lo que bien  sabe que debe hacer.