LA ECONOMÍA EN PICADA LIBRE

07.06.2016 03:00

X-JORGE VERGARA CARBÓ

Editor: Octavio Quintero/El Satélite

(Barranquilla, 05/06/16)
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Los resultados del DANE sobre el crecimiento de la economía en el primer trimestre del año (2.5%), confirma lo que veníamos anunciando desde el año pasado: que la desaceleración económica este año iba a ser superior a la del 2015. Un crecimiento del 2.5%, no es bueno para Colombia,  necesitamos crecer al 5%, para disminuir los niveles de pobreza y mantener los índices de desempleo en un dígito.
 
Los colombianos no debemos conformarnos con un crecimiento tan bajo. Tratar de justificarlo,  afirmando que varias de las economías del patio muestran preocupantes decrecimientos (Brasil 4%, Venezuela 8%, Ecuador 4.5% y Argentina 1%); y otras con un crecimiento similar o inferior al nuestro (Bolivia 3.8%, Perú 3.7%, Paraguay 2.9%, México 2.4%, Chile 1.5% y Uruguay 1.4%), no puede ser un argumento válido. Eso no cambia para nada la situación que vivimos los colombianos con un crecimiento mediocre como el registrado en este primer trimestre del año.
 
Tasa de interés en USA
Es cierto que la economía mundial se viene desacelerando y no se ha podido recuperar de la crisis del 2008-2009. Los espectaculares crecimientos de China e India, difícilmente se vuelvan a presentar en un mediano plazo; la zona Euro sigue en un letargo  (0.5% PIB), y la economía norteamericana no pasa del 2.4%PIB. La  decisión de la  FED  de  incrementar su  tasa de interés, que está en 0.25%, a un posible 0.5%,  causa un efecto inmediato en la economía mundial al encarecer  el dinero  y dificultar la financiación. Esto a su vez  origina una destorcida del capital golondrina y de la inversión extranjera directa(IED), que vuelven a retornar a los países desarrollados buscando seguridad , pero afectando a las economías débiles como la colombiana en su   tasa de cambio, la cual, a su vez, venía  golpeada por la caída de los precios de los commodites (petróleo, carbón, níquel), originando una depreciación del peso cercana al 60%; un déficit en cuenta corriente del 6.5% del PIB; un déficit fiscal del 5% del PIB; la mayor tasa de desempleo de América latina (10%), la cual a finales del año estará cercana al 14%; una inflación superior al 8%; la peor distribución del ingreso (coeficiente Gini 0.522); con índices de pobreza del  27.8%; una pobreza extrema del 7.9% y, un endeudamiento externo del 49% del PIB...
Justamente todos estos males en los precisos momentos en que nos encontramos próximos a firmar un acuerdo de paz con la guerrilla de la FARC-EP, y estamos sentados negociando un posible acuerdo con el ELN.
 
Despilfarramos la bonanza
Nuestra economía no es ajena a lo que sucede en el mundo. Somos dependientes de lo que se decida en materia monetaria en los Estados Unidos o en Europa. Tenemos que reconocer que no hicimos el mejor uso del dinero en los años de bonanza. Preferimos importar 10 millones de toneladas de alimentos, al igual que otros productos manufactureros, antes que apoyar una política pública para el campo y la industria. Decidimos importar antes que producir, bajo el sofisma de que teníamos que hacer uso de los subsidios que le otorgan los países desarrollados al campo, para de esta forma bajar la inflación, debido a que los precios internos del arroz, por ejemplo, eran superiores a los importados de los Estados Unidos o de Ecuador…
 
Pero se nos olvidó la generación de empleo que se crea en el sector agrícola, en un país que cuenta con tierras aptas para sembrar la mayoría de los productos que importamos. Nos olvidamos de la agroindustria, tan necesaria para nuestro desarrollo y para la generación de empleo bien remunerado. No hemos sido capaces de definir en los planes de desarrollo nacional y territorial en qué somos buenos los colombianos; qué sector de la industria vamos a desarrollar, dónde la vamos a ubicar, cómo vamos a desarrollar el campo. No podemos seguir pensando en el minifundio. Si queremos competir con éxito en este mundo globalizado, tenemos que llevar al campo tecnología e innovación… Eso significa más capital, que puede ser nacional o extranjero, que genere empleo productivo.
 
Perdimos la oportunidad derrochando el dinero en subsidios que no le reportaron nada al país;  que no se les exige resultados a quienes se los otorgaron. Un posible programa que pudo ser bueno: Agro Ingreso Seguro, no dio resultados sino escándalos, por el grado de corrupción de nuestros empresarios y funcionarios… No construimos la infraestructura vial, aeroportuaria y portuaria que necesitábamos. Hoy  queremos hacerla cuando ya no tenemos los recursos, ni siquiera para asumir el costo del posconflicto. No enseñamos a la gente a pescar; nos convertimos en un Estado limosnero; le entregamos las regalías a los parlamentarios como mermelada;  seguimos siendo un país con una productividad de la mano de obra baja, lo que nos quita competitividad, como resultado de no haber invertido los frutos de las bonanzas que hemos tenido, en una educación de alta calidad, igual para todos.
 
Tiempos de reajuste
Ante este preocupante panorama de nuestra economía, el gobierno Santos, conjuntamente con la JD del Banco de la República, tomó la decisión de aplicar una política de ajuste, según ellos, que no la sintiéramos tanto. Esa política de ajuste se vertió en la reforma tributaria del 2014, que permitió incrementar los ingresos y la disminución del gasto público, centrándolo solo en lo necesario, como mantener los programas sociales de familias en acción, adulto mayor y otros similares.
 
Para este año se tiene prevista la presentación de una nueva reforma tributaria que la han llamado estructural, que busca lo siguiente: disminuir la carga tributaria a algunas empresas que, de lo contrario –dicen--, estarían pagando en el año 2018 un 43% de tasa impositiva; buscar la equidad tributaria, de tal forma que todos paguen una tasa proporcional a sus rentas; buscar  progresividad; remplazar los ingresos que genera el CREE y el 4x 1000; eliminar las exenciones y deducciones para bajar la tasa impositiva y controlar la evasión, disminuyéndola a su mínima expresión.
 
Todos estos puntos fueron expuestos en la más reciente asamblea de la Asociación Bancaria, evento en el cual estuvimos presentes y le preguntamos en una rueda de prensa al director de la Dian, Santiago Rojas, por qué razón, en el conversatorio donde estuvieron los exministros Perry, Carrasquilla, Alarcón, Junguito, y el profesor de la universidad de Harvard, Robert Barro, no se tocó para nada el tema de la fuga de capitales y el lavado de dinero que, a nuestro juicio, son los mayores males que le sucede a las economías del tercer mundo.
 
¿Quién puede decirnos cuánta plata tienen los colombianos en el exterior en paraísos fiscales? ¿Son esos 100.000 millones de dólares de que habló recientemente el exdirector de la DIAN, Juan Ricardo Ortega, o más? ¿Con ese dinero cuánto empleo y nuevos impuestos se generarían? La respuesta del director de la DIAN, ya la intuyen: sacó el bulto. Tampoco pudo (o quiso) contestar cuánto dinero dejamos de percibir por la evasión y elusión, ni cuánto valen las exenciones y deducciones tributarias; ni respondió a la pregunta de por qué no le dan cárcel a los evasores tributarios, como sucede en los países desarrollados.
 
¿IVA del 23%?
La propuesta del exministro de Hacienda, Guillermo Perry, miembro de la Comisión Tributaria,  consiste en   lo siguiente: un IVA del 23%; seguir cobrando el 4 x1.000; fijar una tasa del 10% a los dividendos; y, cobrar un impuesto a la renta para todos (sin excepción) cercana al 30%.
 
El ajuste
Por su parte, el gerente del Banco de la República, José Darío Uribe, explicó la política de ajuste económico preguntándose y respondiéndose él mismo el por qué el banco ha subido la tasa de interés y, en cambio, por qué no se ha intervenido la tasa de cambio… Sobre la subida de la tasa, dijo que la economía colombiana había sufrido dos choques que afectaron el comportamiento de la inflación: el fenómeno del niño y la caída de los precios de los commodites. Para ello se necesitaba preservar la credibilidad del banco en el control de la inflación.
 
Pero, con la subida de la tasa de interés, se encarece el dinero, lo que frena el endeudamiento y, por supuesto, la demanda agregada, lo que, a su vez, frena el crecimiento económico y genera desempleo, tal como lo bien lo explica el teórico colombiano, Mauricio Rivadeneira (VER: Documentos El Satélite).
 
Por otra parte, intervenir en el mercado cambiario como algunos empresarios y políticos lo han pedido, a mi juicio sería un absurdo. Tanto es así, que la Junta Directiva del Banco de la república no aguantó la presión y decidió, en forma irresponsable, salir a colocar en el mercado US$500 millones, de los cuales se lograron vender US$420, que quedaron en manos de los especuladores que, entre otras cosas, es el mismo sector financiero, procedimiento mandado a parar por el Ministro Mauricio Cárdenas.
 
El juego que tiene la JD del banco para afectar la tasa de cambio, es prácticamente nulo. Tanto es así, que a pesar de que el precio del petróleo está aumentando hasta llegar a niveles de US$60 el barril, el peso colombiano ha seguido depreciándose. Pesa más una declaración de la FED de aumentar la tasa de interés, que el aumento del precio del petróleo.
 
Para el gobierno, todo marcha bien. En palabras del ministro de Hacienda ante ésta asamblea de la Asobancaria, si no nos hubiéramos preparado para el ajuste,  aumentando los impuestos y logrando   un mayor nivel de recaudo de la DIAN; siendo más eficientes; controlando el gasto y aplicando la regla fiscal, el ajuste  sería más doloroso, porque incluso, podríamos llegar a una recesión como están hoy Brasil, Ecuador, Venezuela y Argentina.