HERIDAS ABIERTAS

23.07.2017 06:14
Carta de Gloria Gaitán al papa Francisco

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Ref.: Violencia e Impunidad
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Excelentísimo Señor:
Al proponer la beatificación del sectario y violento sacerdote Pedro María Ramírez, Su Santidad ha abierto una caja de Pandora, al destapar la memoria del papel violento que jugó la Iglesia Católica en las décadas del 40 y del 50 contra los liberales y, en especial, contra los seguidores de mi padre, el máximo dirigente de masas con que haya contado Colombia.
No es cierto que el padre Ramírez sea un mártir de la fe ya que, según los juicios adelantados contra cuatro (4) de los individuos que lo lincharon, fueron miles de armeritas (habitantes de Armero) los que se lanzaron contra el sacerdote movidos por el sentimiento de retaliación ante todas las agresiones que el sacerdote había cometido contra los gaitanistas, que eran la gran mayoría de los habitantes del pueblo. Además, temían que desde la Iglesia se armaran los conservadores para arremeter contra el pueblo gaitanista. No murió, entonces, defendiendo su fe sino como fruto de su sectarismo y violencia. Fue una muerte política, no religiosa.
El gaitanismo no era, ni es una doctrina anticatólica. Respetamos todas las creencias y el mayor ejemplo lo tuve yo en mi casa, ya que no siendo él practicante, permitió que a mí me educaran bajo la fe católica a la cual pertenecía mi madre.
En la alcoba matrimonial tenía siempre prendida mi madre una veladora ante un Divino Rostro. ¿Puede entonces creerse que el gaitanismo era un grupo político que luchaba contra la fé? Todo lo contrario. Fue la Iglesia Católica la que, a través de centenares de sacerdotes arremetieron contra el gaitanismo, cuando era un movimiento independiente y luego contra todos los liberales, cuando el liberalismo acató como su Jefe Único a Jorge Eliécer Gaitán.
Colombia se ha caracterizado por ser un país donde la violencia ha sido estimulada desde el Estado con la colaboración y participación de la Iglesia Católica. Si Su Santidad, como máxima autoridad de la Iglesia, llegara a proseguir con la beatificación de Pedro María Ramírez, se cumpliría el ciclo conocido en Colombia de violencia e impunidad.
Este sacerdote fue seguidor de Monseñor Miguel Ángel Builes, ya declarado beato y en camino de su santificación. Su beatificación sería una bofetada a los colombianos, premiando a un violento en momentos en que se están buscando caminos de paz y de justicia.
 
Le adjunto dos artículos sobre el tutor del padre Ramírez, monseñor Builes. Espero que estos datos y muchos otros que están en mi poder, a disposición de la Nunciatura Apostólica en Bogotá, puedan frenar un proceso que profundizará el calvario que ha sufrido el pueblo colombiano por la violencia que desató el Estado en connivencia con la Iglesia Católica.
Esperamos, Excelentísimo Señor, que Ud. pida perdón por estos hechos que no son tan antiguos como para sepultarlos, ya que uno de sus protagonistas está en proceso de ser beatificado y otro, el líder de esa violencia, está a la espera de ser canonizado. Si de ellos están vivos seguidores que desean que sean santificados, también somos muchísimos los colombianos que recordamos a nuestros antepasados, víctimas de la persecución a manos de sacerdotes que traicionaron el legado de Jesús.
Con mis sentimientos de respeto y consideración, me suscribo de Su Santidad atentamente,
GLORIA GAITÁN JARAMILLO
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Copia:  Nunciatura de la Santa Sede en Quito