GOBIERNO-OPOSICIÓN: EL NUEVO ESQUEMA POLÍTICO

18.06.2018 04:37

Se perdió una linda oportunidad

En el gobierno de Duque, sí están todos los que son… en la oposición de Petro, no son todos los que están. Nos esperan cuatro años más de lo mismo que nos han dado en 200.

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Editorial RED-GES/EL SATÉLITE

Octavio Quintero – director

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Las elecciones presidenciales en Colombia transcurrieron en completa calma y los resultados se conocieron media hora después cuando la tendencia daba favorito e inalcanzable al candidato del Centro Democrático, Iván Duque (presidente electo), derrotando al candidato de la Colombia Humana, Gustavo Petro por más de 12 puntos porcentuales, que no pone en duda su triunfo.

Este panorama así presentado por todos los grandes medios que se ocuparon del paso a paso de los resultados les daba para pregonar desde las primeras de cambio “el triunfo de la democracia”.

Y como el término democracia se ha reducido a través del tiempo a todo aquello que sea definido por la mitad + 1, nadie entonces se ocupa en cuestionar, porque entre otras cosas pierde el tiempo, de ver cómo se logra esa mitad + 1, y ahí es donde estamos llamando “democracia” lo que en Colombia tiene todos los visos de plutocracia.

No se trata ahora de dictar cátedra sobre semántica rebuscada con el fin de minimizar el triunfo del presidente electo. No, se intenta llamar las cosas por su nombre porque, si al menos no tenemos noción de qué sistema de gobierno nos rige, ¿cómo podemos hablar de cambio?

Entonces empecemos por releer la más elemental definición de democracia:

La democracia es una forma de gobierno donde el poder es ejercido por el pueblo mediante mecanismos legítimos de participación como el sufragio universal, libre, igual, directo y secreto en la toma de decisiones políticas.

Este segundo panorama, así presentado, nos pone en el camino de preguntarnos si realmente el mecanismo de participación democrática en Colombia, es decir, el sufragio, es libre, o si está, como resulta una voz popular, contaminado en materia grave por distintos delitos electorales de los que hablábamos recientemente como el constreñimiento, el fraude y la corrupción al sufragante.

Solo por poner un ejemplo: todos estamos expectantes hoy de que en estos próximos días el fiscal general cumpla su promesa de revelar los hechos de corrupción que se presentaron en las recientes elecciones  del Congreso…

 “El país va a quedar escandalizado cuando se conozca, y no lo haré sino después de segunda vuelta, para que no digan que estoy interviniendo en política. La dimensión de la corrupción electoral es nauseabunda”, aseguró el fiscal.

Si el fiscal dice que la dimensión de la corrupción electoral en Colombia es “nauseabunda”, tiene que ser cierto porque si alguien tiene fuentes confiables para hacer tamaña acusación a la calidad de la “democracia” en Colombia es el fiscal, ¿no les parece?

Entonces, primera conclusión: que los grades medios de comunicación digan que porque las elecciones se presentaron sin ningún sobresalto, y que los resultados se hayan conocido una hora después, “es un triunfo de la democracia”, nos deja ver que se le llama “democracia” solo a lo que viene a ser el resultado de garantizar el orden público y codificar los datos, mediante eficientes recursos tecnológicos que también pueden estar al alance de un gobierno no democrático. Si esa es una connotación fundamental de la democracia, entonces las recientes elecciones en Venezuela, también fueron “un triunfo de la democracia”.

El segundo punto que nos ocupa en este editorial es la inocultable plutocracia que gobierna a Colombia, y si esto es lo que la mayoría ha reeditado en las elecciones de ayer domingo, 17 de junio, pues, esto mismo es lo que nos deja en el cuento eso de los mismos con las mismas, es decir, ¿de qué cambio estamos hablando?

Y si alguien quiere cuestionar la afirmación de este editorial, entonces, empecemos por ver qué es plutocracia:

Es la situación en que las élites económicas ejercen control, influencia o distorsión en el ejercicio del poder político. La pura semántica lleva a llamar plutocracia al poder de la riqueza o el poder del dinero en donde, por supuesto, se le da prioridad a los intereses de las élites por encima de los intereses y las necesidades de la sociedad en general.

Parece que la sola definición de plutocracia hubiera marcado el derrotero del plan de gobierno enunciado en su campaña por el hoy presidente electo, Iván Duque.

Convenimos con los grandes medios de comunicación de otorgarle al nuevo Presidente el beneficio de la duda; esperar a que conforme el gobierno que se compone de él en sí mismo más sus inmediatos y mediatos colaboradores. Pero, como el mismo Duque lo decía en reiteradas oportunidades, y lo compartimos en este momento, “desde el desayuno se sabe qué será el almuerzo”.

Y si a esto le agregamos ese otro sabio dicho que dice, “Dime con quién andas, y te diré quién eres”, pues, el beneficio de la duda que se le imparte al nuevo Presidente es un  decir, porque todos los indicios nos dicen que nos esperan otros cuatro años de lo mismo que nos han dado hace 200.