ÉTICA Y VALORES PARA EL SIGLO XXI

26.08.2018 13:03

 

“Cada generación cultiva un marco de valores propio”: 

Alejandra Fierro

Filósofa

Foto El Nuevo Siglo - Andrés Rot

Envía RED-GES/El Satélite

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En diálogo con EL NUEVO SIGLO, la filósofa Alejandra Fierro habla sobre su nuevo libro “Ética y Juventud”, los retos morales de las nuevas generaciones.

 

El Nuevo Siglo (ENS). - ¿Qué tan importante es para un joven la ética?

 

Alejandra Fierro (AF). - Para los jóvenes la ética es un asunto central ya que están en el momento de la vida en el cual validan, a través de sus experiencias y frente a la sociedad, el marco de principios y valores que les ha sido inculcado en la infancia. Los jóvenes de este momento histórico, enfrentan retos éticos cruciales y tienen en su mente y en su diario vivir parámetros como el cuidado al medio ambiente, el respeto a la vida y la naturaleza, la preocupación por la propia salud y el propio cuerpo, que generaciones anteriores no tenían y que orientan su toma de decisiones. Así no lo quieran o no lo sepan, están siendo éticos todo el tiempo, porque tienen que administrar su libertad.

 

ENS. - Los abuelos suelen decir que lo que es malo es malo, ya sea ayer, hoy o en el futuro ¿A la luz de las conclusiones de su libro “Ética y Juventud” esa premisa continúa siendo válida?

 

AF. - Uno de los objetivos del libro es salir de la postura cómoda que algunos adultos asumen al afirmar cosas como “se han perdido los valores” “en mis tiempos todo era mejor” o “los jóvenes han perdido el rumbo”. Si bien estos tiempos nos enfrentan a retos éticos exigentes, como el manejo de las tecnologías, la exposición de la intimidad o el consumismo y materialismo exacerbados, la tarea de todos, jóvenes y viejos, es la misma que ha tenido siempre la humanidad: encontrar el bien. Desde esta perspectiva, la premisa en cuestión sigue siendo válida. Como seres humanos somos capaces de reconocer el bien y el mal y distinguir qué actos nos acercan o alejan de ellos. Un joven también puede afirmar que lo malo es malo y lo bueno es bueno y procurar con sus acciones las mejores elecciones.

 

ENS. - ¿Qué tanto el cambio generacional implica un cambio en los valores o, al menos, en la escala de estos? ¿Por qué y cómo se expresan esas modificaciones en el día a día?

 

AF. - En el libro desarrollo una premisa que permite comprender las tesis que se presentan; esta es, que la ética es permanente y universal, pero también coyuntural y cambiante. Aunque parezca una contradicción, de lo que nos habla esta premisa es de la posibilidad que tiene cada ser humano de hacer uso, en su momento histórico y sus circunstancias, de las cualidades y potencias de las que está dotado por naturaleza y que son comunes a todos con independencia de la historia y la cultura. Cada generación cultiva un marco de valores propio que responde a las necesidades y retos de su tiempo. Así, la generación que vivió la época de la posguerra, que se caracterizó por una fuerte escasez de bienes materiales, valora de manera diferente el trabajo y el dinero, en contraste con una generación como la millennials, que ha crecido dentro de una gran abundancia. Sin embargo, la posibilidad de forjarse de manera virtuosa para las dos generaciones es la misma; las dos generaciones necesitan fortaleza: una para resistir la escasez y otra para no dejarse deslumbrar por la abundancia.

 

ENS. - ¿Cuáles son las características de la ética de los llamados millennials o centennials, ¿qué respondería? 

 

AF.- Para las nuevas generaciones existe un marco ético claro. Son cuidadores natos. Su preocupación ética está dirigida al cuidado de los recursos naturales y al autocuidado. Por ello, para estas generaciones es inconcebible un esquema de trabajo que atente contra la propia salud o contra el medio ambiente. También se comienza a vislumbrar en estas generaciones un interés profundo por recuperar la dimensión colectiva y colaborativa en la sociedad. Aparece una búsqueda de contacto que trascienda las dimensiones espacio-temporales a las que los mayores han estado acostumbrados. Tienen una intención de conectar con lo remoto, con lo lejano. Este marco ético tiene mucho potencial pero también grandes riesgos que ya estamos viendo. El autocuidado puede derivar en un individualismo extremo, la visión global en un descuido y desinterés por los próximos, la exposición a demasiada información en falta de criterio. Estos son los retos éticos que deben enfrentar. 

 

ENS. - En un país permeado por la corrupción como Colombia, es común escuchar frases como “se acabó la ética”, “se perdieron todos los valores”, “el país se lo llevó el diablo” … ¿Qué tan cierto es ello desde el punto de vista filosófico?

 

AF. - Que esté pasando esto es una buena señal. Lo grave sería que frente a la corrupción fuéramos indiferentes o insensibles. Algo de eso ha habido a lo largo de la historia, pero estamos despertando. Si hay conciencia de que falta ética y valores es porque todavía reconocemos el deber ser y lo que nos favorece como sociedad. Son expresiones coloquiales que señalan que hay una necesidad apremiante de retomar el rumbo. Que hay tareas pendientes como sociedad que debemos emprender con mucha seriedad y compromiso porque existe el riesgo de que malogremos nuestra posibilidad de crecimiento y desarrollo.

 

ENS. - Una pregunta que puede sonar absurda pero es válida para Usted, experta en ética empresarial y asuntos públicos: ¿Tiene ética o valores un corrupto?

 

AF. - La palabra valor esta sobre dimensionada. Si nos concentramos en su significado nos daremos cuenta de su naturaleza. Dar valor a algo supone antes hacer un juicio sobre su importancia o no. Cuando hablamos de valores suponemos siempre que estamos hablando de cosas muy valiosas, pero en estricto sentido, un valor exige un ejercicio de valoración o medida que es relativo; algo que para alguien puede ser supremamente valioso no lo es para otro. Lo que orienta realmente a la ética es el bien; definir y tener como ruta de acción bienes concretos. Los bienes son reconocibles por todos y trascienden el subjetivismo. Desde esta perspectiva, todo ser humano es capaz de reconocer el bien y actuar en consecuencia. Si es así, construye un marco de valores, es decir, da valor a lo que es realmente bueno, que le permite tomar decisiones favorables. Una persona corrupta ha desviado su mirada hacia fines que le garantizan un beneficio personal a costa de otros. Puede haber caído en un fenómeno llamado ceguera ética, que le impide reconocer el bien y las consecuencias de sus acciones. No ha perdido los valores ni la ética; el problema es que se guía por unos fines que no se corresponden con un bien mayor y trascendente.

 

ENS. - ¿Qué tanto la revolución tecnológica cambia los paradigmas éticos? ¿Los valores de los “nativos digitales” son más conservadores o liberales que los de generaciones anteriores?

 

AF. - La revolución tecnológica es el gran asunto ético de nuestros tiempos. Enfrentamos un escenario que cambia el modo en el que nos habíamos relacionado a lo largo de la historia y eso supone unos cambios muy profundos en la comprensión del mundo e incluso del sentido que tiene la vida humana. Transforma las dimensiones espacio/tiempo y eso nos arroja como humanidad, a una nueva etapa. Estos cambios introducen nuevas preguntas éticas que antes no eran relevantes. Eso explica la sensación de incertidumbre que tenemos hoy frente a la explosión tecnológica. Los nativos digitales crecen dentro de estas preguntas y retos. Me atrevo a decir que dentro de estas nuevas generaciones tendremos tanto conservadores como liberales y que desde sus posturas llegarán a dar respuesta a muchos de los interrogantes éticos que surgen del uso de las tecnologías. Es a ellos a quienes les corresponde asumir el reto de dar norte al despliegue tecnológico. Las generaciones que van de salida, ya no pueden entender muchos de los fenómenos que ahora se viven, y por ello ya no es su tarea asumir la responsabilidad ética de esas realidades.

 

ENS. - Sobre este aspecto y la forma en que la tecnología impacta el día a día de los jóvenes, hoy se debate en Colombia si deben prohibirse los celulares en las aulas escolares ¿Qué piensa?

 

AF. - Considero que parte fundamental de asumir el reto de las nuevas tecnologías es no hacerlas de lado. La prohibición tiene un problema que es que invita a la apertura de submundos en los que se lleva a cabo el comportamiento permitido, pero sin control ni norte alguno. La prohibición es una invitación al desorden, a dejar fuera de los esquemas sociales aspectos que consideramos problemáticos. Como los celulares nos han generado problemas y preguntas, decidimos hacerlos de lado y eso no es posible. Un joven no va a dejar de usar un celular porque se lo prohíban en el colegio. El mensaje que recibe es “en el colegio harás algo completamente distinto a lo que te genera interés y ya tendrás tiempo afuera para hacer lo que quieras con el celular”. Eso no es sano. Al contrario, es perder la oportunidad de enseñar el uso responsable y con criterio de una herramienta que ya no va a dejar de existir y que se vuelve cada vez más presente en nuestras vidas. El uso del celular debe formar parte del pensum escolar. Todos necesitamos aprender a usarlos bien, conocer cuáles son sus riesgos, aprovechar las herramientas que ofrece y convertirlos en dispositivo de apoyo social. La regulación del uso de celulares no se logra con la prohibición sino con la creación de normas sociales que nos ayuden a todos a usarlos bien.

 

ENS. - Si tuviera que darle a un hijo suyo un consejo sobre cómo comportarse éticamente o actuar bajo buenos valores ¿Qué le diría?

 

AF. - Tengo una hija de 10 años y sé que así no lo quiera mi ejemplo la está formando éticamente todos los días. Procuro que mis acciones reflejen la escala de bienes que considero como la mejor ruta de acción. Pero sobre todo me esmero en mostrarle que es importante estar atentos, que seguramente nos vamos a equivocar, pero que hay pistas para tomar buenas decisiones. Sonará cursi, pero soy una convencida total de que la mejor ruta es el amor. Con esa guía y un esfuerzo por formar su criterio a través de la lectura, el arte y un poquito de filosofía, espero dejarle un buen equipaje para el viaje de su vida.