ELECCIONES EN BRASIL

01.09.2018 08:34

‘Todos nós somos’ Lula

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A 37 días de la elección presidencial, en Brasil se juega el futuro de la izquierda en Suramérica

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Opinión RED-GES/El Satélite

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Octavio Quintero –Director

(Fuentes Internet y BBC)

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Vientos de una lucha social inédita azotan a Brasil tras insistir esta anoche del viernes 31/08 el Tribunal Supremo Electoral (TSE) en inhabilitar al expresidente Luiz Inacio Lula da Silva como candidato a la reelección en este próximo mes de octubre, decisión que fue rechazada de inmediato por el Partido de los Trabajadores (PT) que en un comunicado dijo estar preparado a luchar por todos los medios para garantizar su candidatura.

Lula, como se sabe, está condenado a 12 años por presunta corrupción dentro del sonado caso Lava Jato, pero la condena no está en firme, aunque él si está detenido. El PT afirma que Lula es un preso político y que su condena fue ilegal. Jurídicamente, los abogados del expresidente apoyaron la decisión del PT y, por su parte, anunciaron anoche mismo que en las próximas horas apelarán la decisión del TSE ante el Supremo Tribunal Federal (STF), este sí, la máxima autoridad nacional de Brasil, en el campo electoral.

A solo 37 días de la primera vuelta presidencial (el 07 de octubre), Lula liderara las encuestas con un 39% de apoyo electoral, según la encuestadora Datafolha.

Lo que se juega el PT no es poca cosa… Insistir en la candidatura de Lula puede dejar al Partido de los Trabajadores sin candidato presidencial, en caso de que el TSF también falle en contra del expresidente, pues, los tiempos de inscripción habrán vencido para entonces. Es decir, su lucha anunciada este sábado 01 de septiembre es a todo o nada.

Sin lugares comunes, Brasil se juega en estos momentos su futuro político, pues, de quedar por fuera el PT de la contienda electoral de la primera semana de octubre, habría quemado las candidaturas del exalcalde de Sao Paulo, Fernando Haddad; del exgobernador de Bahía, Jaques Wagner y de la senadora, Gleisi Hoffman, actual presidenta del partido, dejando el camino libre a Jair Bolsonero, un político que él mismo se ufana de sus inclinaciones racistas, homófobas y defensor de la pena de muerte, mejor dicho, la ultraderecha en pasta.

 

¿Ignorancia o mala fe?

Aunque los intríngulis electorales de cada país son difíciles de digerir y se prestan a permanentes y amañadas interpretaciones, hay, sin embargo, una arquitectura política universal que precisa bien las distintas instancias judiciales, en todos los casos y en todos los países democráticos, en los que se garantice la figura del debido proceso.

Por eso resulta, por lo menos curioso, que las agencias internacionales distingan al TSE como “el principal tribunal electoral de Brasil”, dejando la sensación de que su fallo de este viernes contra Lula, es de última instancia.

Pues, aunque su nombre indique “Supremo”, el fallo de este tribunal electoral no es de cierre. En Brasil, por encima de los tribunales supremos electorales está el Supremo Tribunal Federal (STF) con atribuciones propias de una corte suprema y de un tribunal constitucional.

Ante este STF es que anuncian los abogados de Lula que apelarán en las próximas horas. Y si este máximo tribunal no falla el caso de aquí al 07 de octubre, fecha de la primera vuelta presidencial, es decir, dentro de 37 días a partir de este 1º de septiembre, Lula podría presentarse a la elección como candidato del PT con su primer lugar en intención de voto. En caso de que haya segunda vuelta el 28 de octubre, y Lula pase, pero fuera vetado antes, sus votos de primera vuelta serían anulados, y el candidato que llegara de tercero entraría a ocupar el segundo lugar, y, por ende, a disputar la Presidencia en segunda vuelta.

Un eventual resultado electoral significativo, que sin embargo sea anulado en la segunda vuelta, podría resultar en una seria polémica sobre la legitimidad del nuevo presidente.

Si la consideración sobre la elegibilidad de la candidatura de Lula se extiende hasta el punto en que pueda disputar la segunda vuelta y finalmente ganar la contienda, su candidatura podría llegar a ser revocada por las autoridades electorales incluso después de ser elegido presidente.

En ese caso, el presidente de la Cámara de Diputados asumiría la presidencia de la República y convocaría a nuevas elecciones directas en 90 días.

De aquí en adelante siguen otros intríngulis electorales que vuelven más complejo el asunto en términos jurídicos; y ni se diga en términos políticos y sociales, en un país ya agitado por la herida no cicatrizada del ‘impeachment’ a la presidenta Dilma Rousseff y la escandalosa gestión de su sucesor Michel Temer.

Que Brasil, la potencia suramericana, sea gobernada por un izquierdista moderado, como lo fue Lula en su pasada administración; o por un ultraderechista como se define Bolsonero, significa, ni más ni menos, y también sin lugares comunes, el futuro geopolítico de Suramérica, ya en manos de presidentes revisionistas como los de Argentina, Ecuador, Chile, Colombia, y el mismo Brasil.

El desmantelamiento (ya iniciado) de la socialdemocracia que se respiró en los pasados gobiernos de Chávez, Correa, los Kirchner, Bachelet, el mismo Lula y Dilma Rousseff, será irreversible.