OBJETIVAR NO ES SATANIZAR

11.06.2018 01:20

Como son los tiempos, así las cosas

Opinión RED-GES

Octavio Quintero – Director

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En los  más noveles periodistas se pueden comprender ciertas falencias de sindéresis y sintaxis. Pero cuando un periodista ya ha ascendido al título de editorialista, su falta resulta inexcusable, bien que incurra en ella por desconocimiento semántico, o llevado por inconfesa tendencia política –en el caso que se desarrolla enseguida --, que resultaría peor.

Hablando de “La dignidad y la fuerza del voto en blanco” que en la presente coyuntura tiene un valor político difícilmente comparable hacia atrás o adelante, el editorialista de El Espectador (09/06/18), en el prefacio dice que “No nos parece conveniente satanizar la apuesta por el centro, así sus opciones no hayan llegado a la segunda vuelta” (resalto y subraya fuera del original).

Satanizar es conferir a algo un carácter satánico o extremadamente perverso. "Satanizar a un adversario", se pone de ejemplo.

¿Dónde y cuándo se les ha endilgado a los ilustres excandidatos Fajardo y De la Calle, agregando al senador Robledo, que su decisión encarne un acto satánico o extremadamente perverso? Si el editorialista sabe dónde y cuándo, debió haber hecho la precisión, si no, el término satanizar no cabe, resultando, por tanto, una prefijación de una idea (¿‘fake idea’?) falsa en el lector.

Más adelante, el editorialista vuelve a incurrir en otra exageración al decir (…) “hay muchos colombianos que quieren defender la institucionalidad alejados de los discursos extremistas y dañinos (resalto y subraya fuera del original).

A ninguno de los candidatos finalistas se les puede sindicar de haber pronunciado un discurso extremista y dañino. Es de suponer que el editorialista al usar el término extremista, se refiere al extremismo político que es, en los regímenes democráticos, la pretensión de sustituir la democracia por el autoritarismo o totalitarismo, en un extremo u otro de la derecha o de la izquierda. Ahí sí, tipo Venezuela.

Pero, además, si fuera cierto que ‘los blancos’ lo que se quieren es alejar de los discursos extremistas, con más veras estarían cometiendo una irresponsabilidad de lesa patria, pues, si un demócrata cambia su lucha en defensa de la democracia, por una respetable neutralidad cuando su propuesta no gana en las urnas, se cae de su peso su condición de líder, visto como capaz de incentivar, motivar y ejercer influencia en el comportamiento o modo de pensar de sus prosélitos. Ni siquiera nos refiramos al término dañino, porque con lo dicho atrás, basta y sobra, como dicen.

En el cuerpo del editorial en comento, hay otras observaciones que se pueden pasar por alto en gracia a la brevedad, y para dejar espacio para la última que va directo al principio confeso de El Espectador de (…) “no volver a incurrir en la necedad de sugerirles a sus lectores cómo votar en una elección particular”…

Pues, defender la decisión de los líderes del centro, en coyuntura política tan decisiva para el porvenir del país, es no solo justificar a los neocultores del voto en blanco, sino orientar a muchos lectores a que, con base en los mismos principios y argumentos del editorial, pueden y deban hacer lo mismo: votar en blanco, quedando ellos impolutos  en una Colombia manchada por una inminente (…) “crisis moral que se puede avecinar con el triunfo de uno u otro candidato”, como se acoge en el mismo editorial.