A TIRO DE AS...

24.06.2018 17:06

 

Una Presidencia del centro-izquierda

está a la distancia de su propia unión

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Ojo que si se instiga una animadversión a Fajardo y Robledo por su desliz en la pasada contienda electoral, paradójicamente resultarán favorecidos los mismos con las mismas en las elecciones regionales del año entrante.

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Opinión RED-GES/EL SATÉLITE

Octavio Quintero – Director

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Si alguien se ocupara de codificar las propuestas de los candidatos presidenciales que llegaron a la primera vuelta, lograría el documento más completo que organismo alguno haya podido formular en torno a la problemática colombiana en todos los campos: político, económico y social.

Los distintos candidatos (sean o les digamos de derecha, izquierda o del centro), se la pasaron a lo largo de la campaña diagnosticándonos una enfermedad que hace años conocemos como subdesarrollo, sobre la cual, según su tendencia política, tienen distintas soluciones. Al llegar la segunda vuelta, la solución propuesta por el candidato de la derecha se quedó con la Presidencia. Eso quiere decir que el modelo neoliberal seguirá imperando en Colombia. En otras palabras, hemos cambiado de conductor, pero no de vehículo.

La primera conclusión que se puede colegir de este resultado electoral es que durante largos ocho años, Santos/Uribe se la pasaron jugando a la oposición, cuando en el fondo lo que tenían era solo una diferencia sobre el procedimiento seguido en el proceso de paz.

Si el modelo neoliberal es ese sistema que abrumadoramente rechaza la mayoría de la gente, ¿por qué, electoralmente hablando, resulta nuevamente mayoría en las urnas como en el 2002, el 2006, el 2010 y el 2014? De lógica, se esperaría que si a la gente le dan la oportunidad de escoger entre algo que sabe que es malo y algo que promete ser al menos distinto, escoja lo último. A no ser, y aquí está el quid del asunto, que a esa gran masa de gente que vive en tan malas condiciones se le condicione de distintas formas a votar por lo malo conocido, porque de otra manera le podría ir peor.

El asunto es que la captura del Estado comienza por la captura del elector. Mientras al elector no se le brinden todas las garantías físicas y sicológicas de elegir libremente, como dice la constitución, siempre la tendencia será en favor del carcelero.

Todavía no se entiende por qué al fiscal general empezó a olerle mal el sistema electoral en vísperas de la segunda vuelta presidencial. Y cuando todos esperábamos una bomba al respecto, nos deja con los crespos hechos: sale con un chorro de babas que todo el mundo, ya por lo sabido calla, como reza el dicho.

Son tantas las formas de constreñimiento electoral en Colombia que el famoso “fraude nauseabundo” del fiscal, a revelar después de elecciones “para no interferir en política”, deja la sensación de que lo quería era precisamente eso; y si esa era la intención de un alto miembro del establishment, no hay que hacer mayor esfuerzo mental para intuir a quién trataba de favorecer.

Carrera administrativa

Poco se relaciona la burocracia con un constreñimiento electoral de tipo sicológico, y es una de las formas más sutiles de los altos mandos del Estado para asegurarse la continuidad en el poder.  

El año pasado, con motivo del último reajuste salarial a los servidores del Estado, se informó que la nómina ascendía a 1 millón 200.000 empleados públicos del orden nacional, en su mayoría a discreción del empleador porque no se ha podido implantar la carrera administrativa cuya ley data de 1938, es decir, hace la “bobaíta” de 80 años.

Si usted está en carrera administrativa, para despedirlo le tienen que demostrar “justa causa” dentro de un expediente en donde usted está protegido por el debido proceso. En cambio, si su nombramiento se debe a una palanca política, como es lo usual en un sistema patrimonialista y clientelar como el que impera en Colombia, basta con que usted no vote por el que diga el jefe, para que al otro día lo manden a freír espárragos a cualquier semáforo de las congestionadas vías urbanas.

Se ha hecho la pantomima de luchar contra este sistema. Varias leyes del Congreso y una sentencia de la Corte Constitucional prohíben las nóminas paralelas, aquellas en que los trabajadores son vinculados por Órdenes de Prestación de Servicios (OPS) y, sin embargo, este sistema impera inclusive en las mismas dependencias oficiales encargadas de vigilar que las leyes y la sentencia se cumplan. El sistema fue, al menos por dos años, la principal traba para que el Congreso de Estados Unidos ratificara el TLC con Colombia por competencia desleal en el campo laboral. Pues, mediante nuevas normas de papel (esas que se expiden y que nadie cumple), engañaron al Congreso norteamericano; la misma pantomima sirvió para que, finalmente, se aceptara el ingreso al OCDE.

El otro fraude electoral de tipo sicológico, es el que se comete a través del Estado asistencialista, ese que da pescado a la gente en vez de enseñarla a pescar. Y como en el viejo dicho gringo “no hay almuerzo gratis”, esta asistencia no es completamente desinteresada.

Por supuesto que es una práctica de vieja data. Pero en el gobierno de Uribe (2002 – 2010) se graduó de institucional a través de los Consejos Comunitarios en donde el presidente repartía favores y puestos a manos llenas. Es tan efectivo electoralmente que, desde entonces, el expresidente es el líder político más admirado en el país.

Y vean la coincidencia: su pupilo electo, Iván Duque, aplicará la misma táctica: (…) “Les pido a ustedes que a partir de hoy sigamos este trabajo. Aquí no termina la lucha. La lucha continúa desde el Gobierno y con ustedes en las calles recorriendo Colombia. Estaré cada semana en talleres construyendo el país, conectando con el amor del pueblo colombiano”, dijo en su primer discurso de presidente electo.

Suena en los oídos ese … “amor del pueblo colombiano”, parecido al “Estado de Opinión” del que Uribe, al intentar su segunda reelección y tercer mandato consecutivo dijo que “es el estado superior de la democracia”.

8 millones con nombre propio

Ese es el triunfo de Petro en la segunda vuelta: haber llegado vivo a disputar la Presidencia codo a codo con la plutocracia y haber alcanzado 8,3 millones de votos, la más alta cifra jamás alcanzada por retador alguno al establishment.

Pero se equivocan quienes digan, empezando por el mismo Petro, que esos votos tienen nombre propio. No señores: esa votación es de una Colombia que va dejando atrás el yugo político que durante 200 años se le ha impuesto, a veces disimuladamente legal y en ocasiones abiertamente criminal.

Uno puede apostar, sin mucho riesgo a perder que, con ligera depuración electoral, por ejemplo, a través del voto electrónico, ese capital político se crecerá hasta alcanzar la Presidencia con cualquiera de los líderes que sostengan un discurso más o menos de tinte social y garantista de los derechos fundamentales, entre los cuales está la vida, la salud, la educación, el trabajo y un ambiente sano, entre los principales. El mismo Petro tiene muchas posibilidades de volver a congregar esa ilusión social. Si aparecen más líderes en este bando, mejor.

Nunca antes se habían visto tan cerca de perder el poder los mismos con las mismas. Tuvieron que defenderse en bloque, y resultaron reteniéndolo, gracias al desliz de Fajardo y Robledo que en vez de sumarse al bloque del centro-izquierda se quedaron de espectadores en la galería.

Pero ojo que, si el verdadero dueño de esos 8,3 millones de votos, que es el pueblo, les pasa factura de cobro a Fajardo/Robledo en las próximas elecciones regionales, paradójicamente resultarán favorecidos los mismos con las mismas que, ante unos dirigentes irreconciliables, volverán a atacar en bloque para retener el poder en departamentos y municipios que, de vuelta, les garantizará la combinación de todas las formas de lucha, para retener el poder nacional en el 2022.

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