¿IGNORANCIA O PERVERSIDAD?

06.01.2019 10:10

El dedal uribista tras 

la puntada duquista

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La verdadera independencia hoy es librarnos de “los mismos con las mismas” que llamaba Gaitán.

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Editorial REDGES

Octavio Quintero

Director

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Es de una lambonería abyecta pretender asignarle papel protagónico a Estados Unidos en la gesta emancipadora hispanoamericana, y de un atrevimiento supino manipular la historia solo por la malquerencia que hoy se le tiene al régimen imperante en la hermana República Bolivariana de Venezuela, y de paso invitar al imperio a la fiesta.

Tal vez sea exagerado tildar de “revisionismo” lo que de momento se considera solo una “metida de pata” del Presidente. Pero en este Gobierno de Duque, bajo la égida del expresidente Uribe; asesorado por eclécticos intelectuales como José Obdulio Gaviria y ahora Francisco Barbosa, sumadas las calañas parlamentarias del Centro Democrático, cualquier cosa se puede esperar…

La evidente manipulación de hechos históricos que se encierra en el melifluo saludo que Duque le concede a Pompeo, desvela una finalidad política: poner sordina al, ese sí, protagónico papel de Venezuela en la gesta emancipadora de Colombia. Pónganle la firma, como dicen, que hacia allá apunta la artimaña.

   

Nadie contaba con la astucia de los uribistas de raza que le hicieran abrir a su Presidente Duque, en esta celebración de los 200 años de la Batalla de Boyacá, una nueva polarización, ya no política sino histórica, para seguir atrapando a los colombianos en discusiones bizantinas, mientras hacen trizas los acuerdos de paz, engavetan las corrupciones políticas y económicas de sus “eminencias” y consolidan la explotación social

Según el trino del Presidente Duque (…) “el apoyo de los padres fundadores de los Estados Unidos a nuestra independencia fue crucial, …”, cuando lo que se lee en todos los textos de la historia convencional es una ambigüedad política del Tío Sam fríamente calculada en defensa de los intereses comerciales que por la época manejaban con España, principalmente la trata de esclavos. Esos textos dicen que no solo Estados Unidos se abstuvo por mucho tiempo de reconocer el grito de independencia de Colombia, sino que miraba a otro lado mientras los españoles metían armas de contrabando al nuevo continente para dotar a las tropas realistas. El profesor de historia, José Alejandro Cifuentes, dice: (…) “Estados Unidos en 1810 se declara neutral y solo hasta 1822, cuando se da como un hecho consumado la independencia de Colombia, la reconoce como Estado”.

Ningún historiador nacional o extranjero ha puesto en duda los textos históricos que hablan de la animadversión que Bolívar sentía por la dirigencia estadounidense de su época, a tal punto que desde la Presidencia de Perú que ejercía en 1825 le escribía a Santander, a la sazón, vicepresidente de Colombia: “No creo que los americanos deban estar en el Congreso del Istmo. Jamás seré de opinión que los convidemos a nuestros arreglos americanos”. Pero Santander hizo caso omiso de la advertencia de Bolívar e invitó a Estados Unidos al Congreso de Panamá, otro de los grandes sueños de Bolívar: crear la Confederación Americana de Pueblos Libres.

Los textos son tan claros y las evidencias tan contundentes que no puede archivarse el episodio como una ignorancia imperdonable del Presidente en el inicio del año del bicentenario de la independencia. Es un burdo revisionismo envuelto en una lambonería de cipayo, que por razones ideológicas o a cambio de dinero, defiende intereses foráneos.

Lo triste es que arranca bien el infundio histórico. La cantidad de gente que está saliendo a los medios y, sobre todo, en las redes sociales, a defender semejante ocurrencia es sorprendente. El doctor Barbosa, alto consejero presidencial para los Derechos Humanos, nos trata de ignorantes, en Semana.com, a todos los que diferenciamos entre apoyo e influencia, y fuerza una especie de giro idiomático que llama “apoyo ideológico”. Por ese huraco interpretativo trae de los cabellos a los padres fundadores de Estados Unidos: bienvenidas sus señorías a la fiesta. Por estos vericuetos de la polarización política, y ahora histórica, parecen llevarnos como la muleta al toro, a seguir embistiendo al viento.

Si me perdonan la blasfemia histórica, debiéramos estar más concentrados en las elecciones regionales de este año que en la celebración del bicentenario de la independencia, pues, la verdadera independencia ahora es liberarnos de esos que Gaitán llamaba “los mismos con las mismas” que hace 200 años solo parecen interesados en la concentración de su poder económico y en el goce de las dignidades estatales, mientras nos dejan como legado una secuela de fracasos sociales.

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